Claridad y Misterio en el Branding
March 25, 2021
Diego I. Rosales

La filosofía no es un asunto de viejos barbados. Pude serlo, sí, pero puede ser también un asunto de jóvenes imberbes y emprendedores. 

A diferencia de otras disciplinas científicas, la filosofía no busca encontrar la naturaleza de una realidad del mundo.  Ella nació como un ejercicio personal y dialógico, como el esfuerzo de un individuo por hacerse responsable de lo que cree y de la forma en la que actúa hasta el grado de la exageración (a Sócrates lo mataron por hacer eso). 

La filosofía es el compromiso de un individuo por vivir de manera radicalmente responsable. Esto quiere decir: aclararse siempre  cuáles son las ideas y las creencias que conducen las acciones, y justificarlas lo mejor posible. La filosofía es, en ese sentido y principalmente, orden, lógica, lucidez, claridad. Ella busca hacer desaparecer las confusiones y las ambigüedades, o bien reconocer los misterios de la vida cuando estamos ante uno. 

Esta necesidad también es de las marcas: ellas deben ser máximamente responsables en su comunicación, y su imagen debe ser veraz, clara, identificable. No sólo por cuestiones éticas, sino por cuestiones comerciales. Cuando un negocio no sabe porqué hace lo que hace y para qué lo hace, rápidamente pierde sentido, motivación y finalmente ingresos. 

Una marca es una relación. Es el modo como un servicio o un producto se presentan ante el mundo para establecer una relación específica y singular con sus audiencias. Las marcas comienzan a existir, en ese sentido, después de que han vivido y han tenido experiencias. Diseñar marcas es, por eso, un reto: diseñarlas no es hacerlas, es sólo dotarlas de una serie de elementos identitarios ordenados y claros que les permita, luego, ser reconocidas e identificadas para el futuro a todo lo largo de su vida. En ese lenguaje, es importante tener la máxima claridad posible, pero también anunciar un cierto misterio de ambigüedad que atraiga y provoque preguntas en las audiencias.

El diseño visual de una marca sin un ejercicio filosófico de por medio corre mucho más riesgos de ser vacío, desordenado y genérico. Este ejercicio no consiste en nada complejo, sino en la toma de conciencia de los talentos, los diferenciadores, las creencias, los motivos últimos por los que el producto o el servicio existe. Cuando ese trabajo está hecho, la dimensión visual puede sostenerse mejor ante sus audiencias, podrá desarrollar discursos más creíbles y motivantes, y podrá más fácilmente mantener el orden, la lógica y la identidad para el futuro. 

Pursuing purity througH order.